La luz del ordenador,
una especie de rayo de sol confidente
en una habitación oscura,
sin sonrisas
de esas que según se dice,
iluminan.
Hablo de esos días
lluvias que siempre están ahí,
incluso bajo la luz del mayor verano.
Siempre están
al otro lado de mi sonrisa,
esperando a volver a aparecer.
Me gusta teclear cosas sin sentido
hasta cansarme tanto,
que no quiera ver sombras,
no quiera ver nada.
Me gusta escribir por todas partes
canciones que ni a mi me conmueven
que te retratan
que te reclaman.
Me gusta hablar a mi almohada,
no recibo quejas,
es como si me contestara
como si no contara noche tras noche
la misma canción,
como si ella supiera que no decirme,
es
como si me contestaras.
Son mis noches
que cada vez,
ocupan más parte del día.
No tengo ni frío ni ausencia
tengo tal vez,
deudas pendientes
con miles de esas noches,
que no suman una
en esta historia.
Me gusta,
o no sé,
soy yo,
mi eterna lucha contra el olvido
mi deuda pendiente
contra ti,
perdón
contra mi.