sábado, 22 de junio de 2013

Porque odiar sin amar, no es dolor.

De eso que dicen cuando quieres llorar:
no merece la pena!
¿Qué sabrán que lo merece?

Sonreír por un puñado de caramelos
siempre fue mejor visto que llorar por dolor,
sobrestimar la sonrisa
a modo de guía
en este mundo de dobles sentidos.

De eso que dicen cuando repito todo una vez más:
no merece la pena!
¿Qué sabrán que lo merece?

El placer del dolor por lo más preciado
el placer de conocer que no se sabe que duele,
el dolor únicamente puede,
y es que las ganas de huir
son directamente proporcionales a la agonía del vacío.

Hablar de la moral,
del bien y del mal
cosas de los que hablan,
aquellos que no saben amar el dolor.

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