La falsa paz,
la calma rota,
otras son las palabras que perturban la paz de mi cabeza,
incapaz es de dejar el blanco sin color.
Deben interrumpir en un campo ya sembrado
nuevos aires
nuevos sabores
y por recuerdos perturbadores
dispara contra el mar ya no agitado.
¿Qué debería hacer?
Sin contar con gritos silenciosos de paz.
Lo oye,
pero no escucha
y mis zapatos
temen tropezar con antiguas piedras.
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